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Javier García Ramos :: Blog

agosto 06, 2009

...(los dias) llegan a encogerse en una medida
que espanta mortalmente al espíritu.
Cuando los dias son semejantes entre sí,
no constituyen más que un solo dia
y con una uniformidad perfecta...

Thomas Mann
En La Montaña Mágica
Cap. IV

El tiempo no nos pasa de la misma manera a todos, ni a cada uno de la misma forma. En el mismo tiempo que tenemos todos los humanos (aproximadamente) puede haber más o menos vida en función de la transformación que haga ese humano de sí. Y puesto que el tiempo siempre nos ganará al final (tenemos la vida irremediablemente perdida) sólo nos queda hacer vida en ese tiempo. El humano no tiene otra forma de hacer vida que en el encuentro con el otro. De la calidad de ese encuentro será el tenor de la singularidad que pueda desplegar y relaciones singulares exigen que haya renovación pues, las amenaza el tedio. Esas relaciones singulares tienen como elemento para el encuentro con el otro, la conversación, entendida esta como una exigencia del pensamiento.

Pero sucede que hoy no se conversa: se parla, se parlotea con el otro: Han habituado la vida a encuentros repetidos, a la mismidad de un discurso o una frase. Se juntan, no para construir preguntas por la vida, por la propia, sinó para desaburrirse y al final se encuentran en el mismo aburrimiento del que deseaban huir. Y para ver si pueden romper la monotonia preguntan: ¿Y que más?. El hábito es la vida por fuera de la aventura y la sorpresa. El hábito tiene ausencia de conversación y la única que pueden hilar es patiando los temas de un lado para otro y no llegar a nada. La vida no puede ser la ilación (sin hache) repetitiva de los dias ó los encuentros.

La juventud es una ilusión que hay demasiada vida y lo que se observa es que ella, la vida, nunca es suficiente. La juventud es un papel (un paso, una contingencia, es efímera) no es una entidad (no se posee, no se puede contener).

Y si existe un despilfarro de vida, no ya hechura sinó una vida que rueda (las cerca de tres mil seiscientas semanas que tiene un ser humano no le significan nada), existe una reducción en lo simbólico: Todo el universo, todo lo que lo rodea, es descrito con los mismos 10 significantes: bacano, chévere, listo, que bien,.. Hay a quienes la vida no les pasa y hacen lo posible para que no les pase absolutamente nada, como si quisieran economizar energías y hacen todo lo contrario: malgastar. El ser humano tiene que vivir con conciencia de tiempo, pues la cuenta de la vida es finita y por ello no podemos vivir pastando como una vaca.

Uno en la vida encuentra lo que busca: si busca la mediocridad eso encontrará, si busca lecturas pobres, no difíciles, eso encontrará. Uno cierra o abre la vida según decida ó el camino que tome. Uno quiere mejorar la vida que tiene, pero ello no es gratis. Los padres, curas y algunas sicologías y pedagogías confunden la dación para satisfacer la necesidad del hijo, del feligrés o del alumno: alimento, ropa, conocimiento, etc, con la felicidad que este reclama y que él tiene que buscar. Y hoy encontramos un joven reclamando lo que debe ganarse: "denme", "háganme feliz", "me lo merezco", "he nacido y el mundo me adeuda". Y mientras esperan que le suceda aquello por lo que deben trabajar sacan su baraja, reparten, juegan y vuelven a repartir. Cobardes. Les da pavor pensar y vivir. Su escondedero de vida: 10 cartas. Lo repito: El amor no es gratis, ni el afecto del amigo, ni tampoco el reconocimiento del otro: eso se gana. Uno se hace merecedor de lo que desea. Lo más sagrado en un ser es el deseo; y hay quienes juguetean con el deseo del otro, con el tiempo del otro y ni siquiera se inquieren por el propio, esperan que otros les digan que desean ellos, que pueden hacer con su tiempo, con su vida. La vida no se ofrece, se conquista.

Historia no es lo que me paso con otro; es lo que me quedó de ese otro. Y ella (la historia) no son recuerdos remomerativos sinó las trazas, hechuras en uno y en el otro. Aquello que aquilata la vida. Aquello que da espesor. Lo que se es, se adeuda. La técnica es trasmitible: en pintura, en ciencia, etc.; pero el toque singular es de cada uno con la singularidad que imprime, pero muchos dicen que la vida (la propia) no interesa para nada, al carajo eso de "mejorar mi existencia"

 

Hay quienes viven la vida haciendo imposible distinguir entre un dia y otro dia pues le drama de la diferencia los angustia.


© Luis Fernando Castrillón G.

Enviado por Luis Fernando Castrillon Gallego | 0 Comentario (s)

junio 18, 2009

 

"Andate tranquilo que dejaste memoria.
Andate tranquilo que ya hay letra escrita.
Andate tranquilo que ya me dejaste derecho
y lo que me falta de hecho,
ya va por mi cuenta"


Pablo Mateo Mejía, en la muerte de
su padre el escritor Manuel Mejia Vallejo


"Eres todo en mi vida", "sin tí me muero", "yo no sé que haría sin vos", "los hijos, son lo único en mi vida", etc., etc., etc. Frases que enuncian del ser humano la necesidad apremiante que alguien resuelva nuestra existencia, nuestra angustiosa existencia, mediante un mecanismo harto peligroso -y que se propaga melodiosamente en letras de canciones, telenovelas, en fofos textos-: LA ENTREGA a alguien como fórmula salvadora y solucionadora.

Y ¿No es por esa misma angustia que acaso vamos al sicólogo, consejero, psicoterapeuta, sacerdote, adivino, brujo? ¿Demandarle orientación y consejo, instrucciones para paliar esta vida?. Partiendo del supuesto que ya saben vivirla y entonces, solicitarles la rutina y la receta para: ¿Qué debemos hacer? ¿Cómo debo hacerlo? ¿Cómo lograrlo? Que nos diga que hacemos mal y porqué la "regla de tres" que aplicamos a nuestras vidas no funciona. Y claro, prestos ellos, respuesta tendremos.

Que por la misma, encontramos una miriade de neo-romanticismos de poca monta y valor: Anthony de Mello. Chopra, Gallo, Walter Riso, Mercado, Hermana Eloisa. Todos ellos con un discurso -tufillo- insulso, monótono, falaz, con miles de lectores ávidos de instrucciones, consejos, a cambio de no tener que pensar por sí mismos su propio existencia.

Quienes no hemos desarrollado habilidades literarias en la vida, nos apoyamos en otros que han encontrado en el arte una forma de mostrar la condición humana. Un maravilloso cuento de León Tolstoi: La Muerte de Ivan Illich nos muestra la singularidad que somos -y un poco de luz- ante quien adeudamos la responsabilidad de nuestras vidas.

Casado, con un cargo público normal, con casa, hijos, cada vez mas ambicioso dedica su vida a como mejorar su salario, su casa, etc., etc. Así transcurre la vida de Iván Illich. En palabras de Tolstoi: "La historia de la vida de Iván Ilich había sido sencillísima y ordinaria, al par que terrible en extremo". O como diría Gonzalo Arango: "Organizadita como un teorema"

Iván Illich enferma de muerte a raíz de un golpe en el abdomen un día cualquiera. Y digo bien: Cualquiera, al fín y al cabo todos los dias los vivía iguales. Médicos, reposo, visitas, cuidados y todo aquello en relación a un enfermo. En esa su nueva soledad, inicia una cadena de preguntas fundamentales para el ser humano: ¿Que me pasa? ¿Me estaré muriendo? ¿Ya no podré disfrutar de mi vida? ¿Vida? ¿A qué se redujo mi vida? ¡¡Tengo casa, empleo, esposa... Vaya!!!. Hice todo lo que decían que debía haber hecho en la vida, lo hice... pero... y mi vida? ¿Y qué he hecho con mi vida?.

La certidumbre de la muerte produce inmediatamente una revaloración de la vida. Y es que, ante la abrumadora evidencia de aquella, lo que se impone es preguntarse por la existencia y dado que la muerte es algo singular, contundente y demoledor -pues nadie podrá morir por mí- será por la existencia propia que se hagan todos los cuestionamientos de vida. Por ello Ivan Illich se inquiere por su vida: Había aceptado como naturales e indiscutibles los valores y representaciones dominantes. En otras palabras, Ivan Illich era un hombre mediocre y su mediocridad se vió conmovida cuando la muerte se le anuncia y le goterean preguntas tardías y aplastantes: ¿Y eso fué todo? ¿A esto reduje la vida, a conseguir un título, una mujercita, unos hijitos, una casita y una posición social?

Y para desgracia de Ivan Illich, este solo pensó la muerte y por consiguiente solo apreció la vida como algo digno de maravilla -compleja, profunda y dificil- cuando ya sus horas estaban agotadas.

Hacer algo en la dicha y en la desdicha- es posible para quien se ha inquirido por la vida. Para quien desee llenarla de contenido. Inquirirse por la vida no es problema de viejos o de enfermos o de condenados a muerte, es problema de los vivos aún con toda su salud.

Vivir es riesgoso pues nuestro actuar tendrá consecuencias y tendremos que asumir la responsabilidad de lo que decimos, hacemos, vivimos, amamos, tanto por omisión como por acción. Debemos responder por lo que hagamos o dejemos de hacer. Y a ello no todos se comprometen por miedo, por temor a errar y a fracasar. Sí, vivir es muy riesgoso. Entonces, para evadir lo que acarrearía nuestro actuar, se lo dejamos a otros. Que otros me den la respuesta de lo que yo deseo. Y entonces en sus vidas no pasa nada, ni siquiera la vida. Para morir solo se necesita estar vivo dice el refrán popular, esto es, la muerte no es solo cuestión de viejos, enfermos o sentenciados a muerte.

En ocasiones se observa que el ser humano no sabe que hacer con su tiempo. Pareciera que estuvieramos encartados con el tiempo y entonces se inventan los famosos pasatiempos o matatiempos; como si la vida misma no tuviera elementos suficientes para hacerla intensa y productiva y que para salir del aburrimiento -en una sociedad deprimida, aburrida como la nuestra- vamos compulsivamente a la diversión, al "programa" como alternativa o tendermos ciegamente a las manias de la moda.

Hay a quienes la vida les pasa sin darse cuenta.

El tiempo, lo más preciado en tanto que es finito, es quien valoriza profundamente la vida. Una vida donde el tiempo no tiene hilo, no está conectado: El pasado es tiempo perdido, el presente es una instantaneidad y el futuro no corresponde a la vida, es una vida vaciada de significación y entonces tendrá una "concepción negativa de la felicidad" -como expresara Nietzsche-, pues la lucha no se justifica y entonces evade: No tener problemas, no tener angustias, no tener dolores, no tener preocupaciones, en una palabra ESTAR MUERTO, El Nirvana.

Por ello es fundamental pensar de manera propia la propia vida. Llenar de significación la propia existencia, de contenido nuestro actuar. Apresurarnos a vivir. Y no cómo dicen algunos, como si fuera el último dia de mi vida, sinó aprovechando cada momento con responsabilidad, ética, de manera renovada y singular, guiada por el deseo y como diría Carlos Mario Gonzalez, salirnos del "uniformismo acrítico y seguidista, que deniega la verdad singular del sujeto".

Palabras clave: felicidad, muerte, vida

Enviado por Luis Fernando Castrillon Gallego | 1 Comentario (s)

octubre 24, 2008

"Quiero morir de mi muerte,
no de la de los médicos"

Reiner María Rilke

Dice la Sociedad Española de Cuidados Paliativos: "actualmente se dispone de medidas capaces de dar soporte vital prolongado, incluso a pacientes con enfermedades irreversibles, se efectúan intervenciones médicas, diagnósticas o terapeúticas, produciendo sufrimientos inútiles en enfermos incurables o que no cuentan con el adecuado consentimiento informado."

Y más adelante: "Entendemos por obstinación, ensañamiento o encarnizamiento médico aquellas prácticas médicas con pretensiones que no benefician al enfermo." Ahora que la tecnología franquea los límites biológicos de la muerte del ser, habrá que pensar en los límites de los aparatajes científico y jurídico respecto al cuerpo.

¿Qué goce le está permitido tomar del cuerpo -de mi cuerpo- a los otros?

Detrás de esta terquedad de prolongar la vida inutilmente existe un desvío de los fines médicos a otros intereses que no son los del sujeto que sufre: científicos, políticos, económicos, sociales... Una falta a la ética.

Una ética rescata el aprecio y valoración de las vidas propia y ajenas.

La vida no hay que defenderla a ultranza y el ser humano no puede ser tratado como un objeto. Un sujeto no puede ser un medio para los fines de otros: el ser humano debe ser un fin en sí mismo y con una enfermedad grave, de dificil curación poder rechazar, responsablemente, medios excepcionales de dudosos resultados. Y ello no debe confundirse con una actitud de suicidio sinó de dignidad humana.

"La etapa terminal es la sumatoria de todos los momentos de la existencia" dicen Mario A. Ruiz O. y Dora Lucía Ramírez R. de Medicáncer, Medellín.

Cuando se habla se hace siempre para un otro, pues ante todo la palabra es un pedido de reconocimiento, de necesidad de ser escuchado y apoyado. "No estamos identificados con el cuerpo como lo está el animal, pero tampoco podemos descarnarmos de él y vivir allende sus fronteras" dice Carlos Mario González. El enfermo terminal no es sólo un hígado, un páncreas, un pulmón, un cuerpo que habla de su dolor, de su insomnio, de su inapetencia; es además un ser solitario enfrentado al duro destino de la muerte inminente y de eso también es preciso que se hable. Pertenecemos a una época en la que el ser es poca cosa y solo se refieren a él para levantar las banderas del exitismo y de la superación; aquí la muerte se ha convertido en algo anodino: la cesación de la vida, la suspensión permanente e irreversible de todas las funciones vitales y ya. Sin embargo, bajo la óptica de lo sensible, de lo humano, la muerte y el proceso de morir trascienden lo físico y se convierten en el acontecimiento más conmovedor que experimenta todo ser.

Oscar Velásquez A., Director de la Clínica de Alivio del Dolor y Cuidados Paliativos, Hospital Universitario San Vicente de Paúl, define una vida digna de vivirse "...tanto en la salud como en la enfermedad, como aquella que ofrece la oportunidad de formarse, en la primera etapa de la vida; oportunidad de producir, en la etapa productiva de la vida; oportunidad de vivir, en la tercera edad; oportunidad de morir dignamente, cuando biológica y socialmente corresponda."

Uno no quiere morir de cualquier manera. Cada sujeto tiene una forma particular de representar su muerte.

Morir con dignidad, morir a tiempo, con decoro y sin dolor. Hay quienes pregonan que la vida es de dios, del estado, de la ciencia, de la jurisprudencia, de la sociedad. ¿Y el portador de ese cuerpo que dice?

Palabras clave: muerte, vida

Enviado por Luis Fernando Castrillon Gallego | 1 Comentario (s)

agosto 06, 2008

Estos son algunos de los patrones con que cuenta el laboratorio de metrología biomédica del ITM

          

Palabras clave: Desfibriladores, metrología, patron

Enviado por Metrología Biomédica - Javier García Ramos | 1 Comentario (s)